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El pescador pidió a los marinos que ayudaran a evacuar la gente de la isla o que al menos le prestaran el zodiac. Le respondieron que no había riesgo de tsunami. Tras el rechazo de los marinos, Quiroz fue en busca de un bote a la ribera del río cuando la primera subida del agua lo obligó a internarse por las calles de Constitución. Cuando el nivel bajó, sólo alcanzó a comprobar que ya no había botes en la orilla y sobrevino la segunda subida. El agua ahora sí entró con fuerza, arrastrando a decenas de personas en la isla. Quiroz corrió hacia los cerros para salvarse.

Se fueron sin prestar auxilio a los atrapados en el río. Ambos murieron tratando de rescatar gente. La esposa y el hijo mayor del pescador Quiroz también figuran en la nómina de los 18 muertos que dejó el maremoto en Isla Orrego. Su hija menor, entre los siete desaparecidos. Tendría que pasar una media hora para que el satélite se lo revelara al SHOA. Debby Bastías y su abuela María del Carmen, ya estaban enteradas y corrían para salvarse. Debby y María del Carmen no pararon de correr y escalar hasta subir por completo el cerro que se levanta a espaldas de la caleta.

Desde ahí, junto a otros vecinos, miraron las olas que seguían entrando a Caleta Cantera, Caleta Candelaria y Puerto Inglés. Era un maremoto, pero no tenían cómo dar aviso.

Después de la controversial transmisión radial de Andina a las , Onemi le había pedido al SHOA que confirmara a través de un fax lo que había informado verbalmente el teniente. Los problemas con la línea telefónica dificultaron la operación y luego de cinco o seis intentos, recién a las En el CAT la copia del fax fue timbrada fijando la recepción a las El documento llegó a las manos del jefe de turno Malfanti , quien estimó que sólo se trataba de un aviso de alistamiento y vigilancia ante la posibilidad de que se generara un tsunami, pues entendió que el SHOA avisaría si efectivamente había olas avanzando hacia la costa.

Por eso, erróneamente, descartó difundir la alerta. En su declaración en el sumario interno de la Onemi, Malfanti explicó por qué hizo esa evaluación:.

Entre los funcionarios del CAT de la Onemi existía el convencimiento erróneo de que bastaba que el epicentro fuese en tierra para descartar el riesgo de maremoto. La magnitud del sismo no es suficiente para informar sobre la ocurrencia de un tsunami o no. Para mí, una información clara del SHOA debió haber contenido datos sobre anomalías a nivel del mar, con información de oceanógrafos. Sumado a esto, por radio se descartaba la alerta de tsunami. Malfanti se equivocó.

Inglés paso a paso - 18 por Richard Vaughan

Y, obligada por ley, la Onemi debió informar al país que estaba bajo riesgo de maremoto y que las zonas costeras debían ser evacuadas. Pero en la Onemi no estaban ni capacitados ni familiarizados con lo que les debía llegar desde el SHOA en caso de alerta. Luego de hacer las aclaraciones se procede a difundir. En el caso de que no existan dudas, se emite inmediatamente la alerta.

Pero Malfanti no pidió explicaciones, porque -tal como lo reconoció en el sumario- sencillamente no sabía qué le tenía que llegar desde el SHOA y cuando leyó el fax no comprendió que era una alerta de maremoto que lo obligaba a su difusión inmediata. Minutos después, su jefe, Johaziel Jamett , al llegar a la Onemi revisaría lo obrado por su subalterno y no enmendaría el error. Hugo Barrera fue uno de los que quedó atrapado en Isla Orrego y tras la segunda subida se sumó a los que se encaramaron a los eucaliptos para ponerse a salvo.

Su destino dependía de que las marejadas hubiesen cesado.

Como improvisado vigía, Barrera fue uno de los primeros que supo que la suerte estaba echada para quienes se quedaron en el suelo junto a sus hijos. Vio la tercera onda asesina apenas nació en el horizonte. Iluminada por la luna, parecía una espada plateada que avanzaba destellante. Cuando amaneció, sólo seis de los que habían trepado a los eucaliptos seguían encaramados. Cuando Barrera luchaba contra el torrente sucio y frío que lo arrastraba y sumergía entre troncos, carpas, botes y gritos de espanto, Malfanti le hizo saber al jefe de gabinete de la Onemi, Pedro Salamanca, que el país no estaba bajo riesgo de tsunami.

Salamanca había llegado recién hasta el CAT y él le comunicó al entonces subsecretario del Interior, Patricio Rosende , la primera autoridad política que se apersonó en la Onemi a eso de las , que el SHOA había descartado el riesgo de maremoto. Jamett pidió georreferenciar los datos del epicentro y lo ubicó en un punto entre Concepción y Cauquenes, al interior de la costa. Malfanti , Salamanca, Jamett y Rosende releyeron el fax y lo consideraron confuso, ambiguo. Los especialistas de la Onemi interpretaron el fax como una alerta que sólo requería alistar recursos por si efectivamente se producía el maremoto, pero no suficiente para avisar a la población.

La OPT del SHOA establece de manera inequívoca que una alerta es un aviso temprano basado sólo en información sísmica -magnitud, epicentro y profundidad de la fractura- que indica el riesgo inminente de oleaje destructivo. No era necesario que hubiese datos de alteración del nivel del mar, como los que esperaba Malfanti , para difundir la alerta. Para ambos casos la respuesta debe ser la misma: evacuación, zarpe y aseguramiento de las instalaciones navales y marítimas.


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Pues en ambos casos se debe evacuar a la gente hacia zonas seguras. En su declaración, Jamett , dejó en evidencia que cayeron en esa confusión:. El primero es un llamado de atención … lo que el SHOA debió emitir si hubiese tenido la seguridad de que se produciría un maremoto debió ser una alarma y no una alerta. El documento que nos llega del SHOA el fax tampoco es suficientemente claro para señalar que corresponde a una alerta de tsunami.

Si hubiese sido así, la alerta correspondería en el sistema nacional de protección civil a una alerta amarilla, que significa alistamiento de recursos. Quienes estaban esa madrugada en el CAT dicen que tras leer el fax y ubicar el epicentro en un mapa, Jamett pidió que llamaran por radio al SHOA para aclarar la situación y todos -incluyendo al subsecretario Rosende- escucharon a los marinos cuando respondieron que no habría tsunami por epicentro en tierra.

En el SHOA niegan que eso haya ocurrido. En todo el trayecto, dijo, estuvo atenta a las comunicaciones por radio que entraban y salían de Onemi y no escuchó que desde el CAT se pidiera alguna aclaración al SHOA o que esa unidad naval descartara el riesgo de tsunami. Rojas puso la cancelación en curso.

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Se avisó por radio a Onemi a las y se despacharon los mensajes a la red Genmercalli a las Hasta ese minuto no había documento que acreditara una falla del SHOA. Y lo peor, es que, la unidad especializada de la Armada sólo cerca del mediodía se vino a enterar de que el desastre era uno de los mayores en la historia de Chile. Johaziel Jamett le informó las novedades y dentro de los papeles que revisaron apareció el fax del SHOA de las La orden del comandante Mariano Rojas se había cumplido.

La oceanógrafa de servicio esa madrugada en el SHOA, Cecilia Zelaya, le informó a Enríquez que su interpretación de los mareógrafos era distinta a la que habían hecho los oficiales del SHOA para cancelar la alerta. Pero Enríquez desestimó la apreciación de la oceanógrafa civil. Cuando esa marejada remontó el Maule, volvió a arrastrar por el fondo barroso del río al estudiante Cristofer Espinoza, que sobrevivía desde la segunda subida del agua aferrado a un tronco.

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Cristofer conversaba a gritos con su tía Mirza y su prima Carla. Ya llevaban casi una hora aguantando los torrentes que entraban y salían por la boca del Maule, cuando los castigó la ola que azotó al balneario apenas minutos después que el SHOA determinó oficialmente que Chile ya no estaba bajo riesgo de maremoto. Tan feroz como la anterior, la masa de agua lanzó a Mirza y Carla contra un lanchón varado. La joven se encaramó al falucho, pero su madre, vencida por la hipotermia, no pudo seguirla. Ahí se quedó Mirza, agarrada de una cuerda, hasta que comenzó aclarar y una nueva ola la arrastró a la orilla.

A su juicio, los niveles del mar sólo habían subido levemente y comenzaban a normalizarse.

Metodología

La primera ola, pensó Andina , no había sido letal: el riesgo se esfumaba. Rojas estimó que Andina había actuado correctamente al despachar la alerta con los datos sísmicos que tuvo a la mano, pero le preocupaba que los mareógrafos comprobaran si efectivamente se había producido una alteración en las mareas que justificara mantener la medida. Tenía en la retina que en en Talcahuano habían fallecido dos personas por una falsa alarma de tsunami y no quería que el SHOA fuese responsable de una evacuación masiva innecesaria. El comandante Rojas no era un experto en oceanografía, por lo que requería la asistencia de Andina , Enríquez y de la oceanógrafa de servicio, Cecilia Zelaya.

Hay un acuerdo de todo el equipo técnico, de gente muy profesional del SHOA. Quiero ser bien claro en esto. Yo tomé la decisión; yo soy el jefe. Sin embargo, con los asesores oceanógrafos existía esta misma percepción. Luego, interpretaron que las curvas tendían a la baja, por lo que consideraron que el peligro había pasado.

Enríquez le reportó a Rojas las apreciaciones que había intercambiado con Andina. Sólo entonces se percató de que entre los papeles figuraba la cancelación. Hasta ese momento estaba segura de que la alerta seguía en pie. El oficial le dijo que los mareógrafos indicaban que el nivel del mar tendía a normalizarse.

Zelaya lo encontró raro, dada la inusual magnitud del sismo.

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Cuando los tuvo al frente, la cara le cambió. Zelaya había llegado al SHOA alrededor de las Se demoró porque antes de dejar su casa comprobó por Internet el reporte del PTWC, se cercioró por teléfono de que hubiese llegado a la sala SNAM y, aunque la respuesta del cabo Araya fue positiva, de igual modo lo mandó por correo a la oficina. También tardó en salir porque juntó agua en la tina, por si se cortaba el abastecimiento, y porque tuvo que preparar a su hijo pequeño para llevarlo al SHOA, pues no tenía con quien dejarlo.

En palabras simples, a diferencia de Andina y Enríquez , la oceanógrafa leyó que la marca del mareógrafo de la principal base naval del país revelaba que había llegado hasta la costa una primera onda sin gran violencia, pero que había un alto riesgo de que a continuación arribaran olas destructivas. La oceanógrafa de servicio esa madrugada en el SHOA, le informó a Enríquez que su interpretación de los mareógrafos era distinta. Pero Enríquez desestimó la apreciación de la oceanógrafa. Cuando la fiscalía exhibió esos documentos a los especialistas del PTWC en Hawai, éstos no dudaron un segundo en que eran indicativos de que un tsunami estaba en curso.

El organismo de Hawai había recibido desde el satélite, al mismo tiempo que el SHOA, las marcas de los mareógrafos de Talcahuano y Valparaíso. Es posible que haya sido destructivo en las costas cercanas al epicentro …. Las autoridades deberían tomar medidas idóneas en respuesta a esta posibilidad -se lee en ese segundo boletín del PTWC. Aunque el resultado del Sistema Tremors estuvo disponible desde las , no fue considerado en las deliberaciones de los oficiales del SHOA. Personal del SHOA dice que todas las entrevistas hechas por Larrañaga a quienes trabajaron esa madrugada fueron grabadas y que Zelaya le detalló lo que había informado a Enríquez.

La variación anómala sería de 20 centímetros -dijo a esa hora, por radio, una voz identificada posteriormente como la del teniente Andina.