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Carlos Manuel Larrea Rivadeneira, Presidente del Ateneo de Quito en 1920

Despedida y compromiso de vivir unidos en una sola familia eclesial junto a nuestro Arzobispo, y bajo el amparo de la Santísima Virgen. Tu fidelidad al Magisterio de la Iglesia y a la Sede de Pedro ha contribuido en gran medida a que, con sólida doctrina y lumi- noso ejemplo, hayas venido edificando fructuosamente el Reino de Dios en la Nación Ecuatoriana. Tu cargo de Presidente de esa Conferencia Episcopal, desem- peñado hasta hace poco tiempo, ha sido como una culminación que ha dado lustre a tu apostolado episcopal, y la gran prudencia de tus consejos e iniciativas ha ayudado al continuo progreso de tu grey.

Recibe, pues, ya desde ahora, Venerable Hermano, esta nuestra íntima congratulación por la duración y prosperidad de tu epis- copado. Desde el Palacio Vaticano, el día 26 de abril del año , décimo sexto de nuestro Pontificado. En efecto, el 17 de mayo de , fui designado por S. El domingo 15 de junio de ese mismo año recibí la ordenación episcopal, en la Catedral Metropolitana de Quito. Como bien expresa Vuestra Santidad en su venerada carta, en el próximo mes de junio, podremos concelebrar con mis hermanos los obispos del Ecuador, en la ciudad de Roma, este vigésimo quinto aniversario de mi ordenación episco- pal, con ocasión de la "visita ad limina Apostolorum".

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Agradezco de corazón a Vuestra Santidad por esta manifestación de la bondad y solicitud paterna, que es la preciosa carta autógrafa. Con esta oportunidad renuevo mi fidelidad y la de mis Obispos Auxiliares y de esta Iglesia particular al magisterio de la Iglesia y a la Sede de Pedro. Los católicos de la Iglesia de Quito y del Ecuador elevamos especiales oraciones a Dios por la pronta recuperación de la salud de Vuestra Santidad y también le presentamos nuestra filial felicitación con ocasión del cumpleaños do Vuestra Santidad, que se celebró en este mes de mayo.

Reiteramos nuestros votos a Vuestra Santidad porque el Señor le conserve, le de vida y le fortalezca para el desempeño del oficio de Pastor Supremo de la Iglesia, Cabeza visible de la comunidad eclesial y Evangelizador del mundo por muchos años. Adictísimo en Cristo, t Antonio J. He 1, Mirar hacia arriba es el gesto habitual del Señor cuando se dirige a Dios Padre. Se convierte así en un gesto humano que expresa el espíritu de oración y lo motiva. Por eso, cuando aquella mujer, hija de Abraham, fue curada de su encorvadura, que por décadas le había impedido mirar al cielo Cf.

Le 13, 16 , aquel milagro sig- nificó una liberación. Este espíritu de oración, y la comunicación con Dios que propi- cia, es también necesaria cuando tratamos de leer lo esencial de nuestro acontecer, o sea, cuando queremos entender e interpretar la realidad. Mt 16, Es entonces necesario levantar la mirada para alcanzar, sea lo humano, sea lo divino. Pero la forma en que estos discípulos asombrados miraban hacia arriba tiene una connotación particu- lar.

Y este intervalo entre la Encarnación y la Parusía es el lapso dejado a nuestra responsabilidad.

La educación superior en el contexto de las prácticas de gobierno contemporáneas

Se trata propiamente, como decía el Apóstol, de un tiempo de trabajo y de fatiga Cf 2 Cor 11, La ley de la Encarnación Ha querido, en efecto, Dios Nuestro Señor, edificar el Reino de los cielos, por El instaurado, sobre fundamento humano. A todos y cada uno de los hombres llama Dios a participar con libertad comprometida en la construcción del Reino.

Guadalupe Ortiz de Landázuri es declarada venerable (4-V-2017)

Mas hoy toca fijarnos en que fue expresa voluntad suya poner a Pedro como roca de base Cf Mí 16, 18 y a los apóstoles como columnas Cf Gal 2, 9 , en una función que, a lo largo de la historia, se prolonga en su sucesor. Como hoy nos enseña San Pablo en la segunda lectura — que con espíritu pentecostal nuestro arzobispo ha leído en quechua — , El Mons.

De ellos dijo 'el que a vosotros oye, a mi me oye' Le 10, A ellos confirió todo el poder recibido del Padre Cf Mt 27, A ellos confió su palabra y los medios de salvación, ellos quedaron como custodios y pro- tagonistas de la perpetuación de su sacrificio salvador. Queridos hermanos, reviste características de misterio el hecho de que Jesucristo necesite de la fidelidad de todos nosotros a las promesas bautismales para hacer crecer el reino de Dios, para permanecer El mismo como luz y sal de este mundo.

En lugar de una directa actuación divina en cada persona, ha queri- do Dios guiarnos a la salvación formando comunidad, formando este cuerpo que es la Iglesia. El mismo lo ilumina y enciende con su palabra, pero en la persona del Obispo. El lo guía como Buen Pastor, pero en el mando y la prudencia pastoral del Obispo.

Juan Larrea Holguín

Tropiezan en esta piedra cuando sólo ven en el Obispo al hom- bre, siempre indigno y siempre por bajo de la misión encomen- dada. Pero el Obispo es también siempre transmisor de la virtud poderosa del Señor. Dios en el Obispo Por eso, es señal de fe auténtica reconocer en el Obispo a Cristo como Cabeza y es un grave error ignorar a esa Cabeza. No es así, hermanos. Hemos de descubrir, a la luz de la fe, la marca y la aureola sagradas en la persona del Obispo.

Dios Uno y Trino se encuentran en el Obispo cuando exhorta, anima, promueve, defiende, reprime, corrige, ora y se sacrifica por todos. Usted ha encarnado a Jesucristo para toda esta Iglesia particular en todo este tiempo.


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Conforme al testimonio del Santo Padre, Juan Pablo II, en la carta que se ha leído, ha sido Usted nuestro Obispo de sólida doctrina, excelente ejemplo, fidelidad al magisterio de la Iglesia y a la sede de Pedro. Así, ha cosechado abundantes frutos pastorales a lo largo de su servicio. Somos muchos los testigos de su intenso e ininterrumpido Mons. Hemos conocido su humildad, para no reclamar vanidosamente los honores y los aplausos. Congreso, del Ilustre Municipio de Quito y de la Prefectura de Pichincha, son las primeras que nuestro Arzobispo haya recibido. Su fecunda labor administrativa y pastoral ha multiplicado en la Iglesia de Quito las parroquias y centros catequéticos.

Se han desarrollado las pastorales específi- cas dedicadas a las familias, a los profesionales, al mundo laboral e indígena, a los jóvenes, a los laicos en general. Se ha propiciado la generosa colaboración pastoral de la vida consagrada, espe- cialmente en las tareas educativas y en el servicio inserto en los medios marginados de la ciudad.

Colegio Intisana - Colegio Intisana

Ha crecido una impresionante red de servicios sociales y de promoción humana en toda la arquidiócesis. Se ha cuidado el decoro del culto divino, las cam- pañas vocacionales, la calidad de los seminarios y de la forma- ción permanente del clero, la presencia valiente en los medios de comunicación social. Hoy agradecemos a Dios esta generosa dedicación de Monseñor a la tarea para la que fue llamado por la Iglesia hace 25 años. Entendemos que no hay solución de continuidad entre la obra que de Dios brota y la que de Usted, Monseñor, procede. No tememos caer en el culto a la personalidad o en algo semejante cuando vemos a nuestro Arzobispo a la cabeza de esta Iglesia particular de Quito, actuando en persona de Cristo.

Gracias, Monseñor, muchas gracias, por todo este tiempo en que nos habéis servido en forma callada, diligente y certera. Que se prolongue la eficacia de su gobierno pastoral de la comu- nidad eclesial quiteña, sin olvidar las proyecciones en el nivel continental y aun mundial que la Iglesia universal espera de nuestro Arzobispo. Esta familia siente un gozo especial al tener a su Madre en este encuentro de todos sus hijos, para festejar al Padre y Pastor de nuestra Iglesia.

Recibid, Madre, nuestro pedido implorante por el Señor Arzobispo, por todo su presbiterio y pueblo. Que no le falte, Madre, a la grey el cuidado de su pastor conforme al Corazón de Jesucristo, ni al Pastor el amor y la obe- diencia de su grey. Así sea.


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Homilía pronunciada por Mons. Homenaje del Vble. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa. Por ello os traigo, muy apreciado Señor Arzobispo, un saludo de adhesión, de respeto y de profun- do afecto de parte del Cabildo Catedralicio de Quito. Soy portador también de un saludo lleno de cariño para todos vosotros los devotos de la Santísima Virgen María en su tan querida advocación de Nuestra Señora de la Presentación de El Quinche, cuya taumaturga imagen tenemos la suerte de tenerla ante nuestras miradas llenas de filial ternura porque queremos celebrar concomitantemente y recordar también la formación de una comunidad diocesana en nuestras tierras ecuatorianas.

Permitidme, señores, que por este doble acontecimiento os pre- sente un corto comentario del pasaje del Evangelio de San Juan que he traído al iniciar mi intervención. Y, María es consciente de esta realidad y por ello dice: "Haced lo que El os diga. Antes de pasar al Padre, dice a su Madre querida: "Ahí tienes a tu hijo" y luego, al discípulo: "He ahí a tu Madre. O también, podemos acep- tar como que el afortunado discípulo debía entregar los bienes materiales en manos de María para su sustento y conservación. Así lo interpretaron los tres grandes tratadistas de la patrística sobre el evangelio de San Juan: San Juan Crisóstomo, San Cirilo de Alejandría y San Agustín, quienes interpretan el pasaje como una solicitud temporal del Apóstol en favor de la Madre de Dios.

Pero no podemos olvidar que desde los albores del Cristianismo se ha tomado este texto en su sentido pleno. La tradición cris- tiana valora esta expresión como la voluntad del Señor que establece la maternidad espiritual de María en favor de todos los hombres: Obispos y simples fieles. Así tenemos al gran Orígenes aunque un tanto obscura sobre esta interpretación. Luego te- nemos a Jorge de Nocomedia en el siglo IX con su interpretación afectivo espiritual. Y es el Papa Pío XII quien, recogiendo la doctrina ya claramente expuesta por su predecesor Benedicto XIV, da esta proclama al mundo: "Jesucristo mismo, desde lo alto de la cruz, quiso rati- ficar, por un don simbólico y eficaz, la maternidad espiritual de María con relación a los hombres, cuando pronunció aquellas palabras memorables: "Mujer, he ahí a tu hijo".

En la persona del discípulo predilecto confiaba también toda la cristiandad a la Santísima Virgen. Unidos en oración los Apóstoles esperan la venida del Consolador. En el día de Pentecostés todos reciben los dones del Espíritu Santo y llenos de intrepidez tienen que dispersarse por el mundo.